Look what it's done to your friends, their memories are pretend and the last thing that they want is for the feeling to end.
sábado, 23 de marzo de 2013
I'm no teenage icon
Oh look at me, so ordinary, no mystery, with no great capability, but I could make out as if I had it.
I would not choose myself either.
lunes, 18 de marzo de 2013
Renacer.
Recuerdo a la
perfección aquel seco momento en que renací. Mi segundo nacimiento fue tan
distinto al primero que dudé de su autenticidad y pensé que tal vez no era más
que una ilusión de la muerte, que quería reírse de mí. Pero al punto me di
cuenta de que aquel violento primer latido de mi corazón agarrotado solo podía
significar una cosa: volvía a estar viva. Y no solo volvía a vivir, sino que
seguía siendo yo: aquellos miles de metros de venas y arterias que volvían a
sentir el fluir de la sangre eran los mismos que asistieron asombrados a mi
prematura muerte, tras la cual el plasma encarnado se coaguló, cegando las
tuberías que alimentaban mis tejidos.
Si mi primer
nacimiento, aquel en el que mi madre me dio la vida, fue húmedo y viscoso, este
renacer solitario fue absolutamente antitético, fue seco y acartonado, de forma
que se pareció mucho al estado de la muerte, si bien no al acto en sí de morir,
que sorprendentemente se había parecido mucho a mis primeros instantes ahogada
en los fluidos amnióticos, cuando no era más que un ser acuoso y ciego que
luchaba por respirar.
Tras los
primeros latidos, que fueron lentos y sentenciosos como las doce campanadas de
un reloj a medianoche en una casa vacía, mi corazón comenzó a bombear sangre
con rapidez, ansioso por enviar vida a cada rincón de mi cuerpo, que había sido
respetado por los gusanos y la tierra.
Me dolió el
aire en el pecho, los pulmones amenazaron con desgarrarse tras hincharse con
rapidez como las velas de un barco guiado por los Alisios, pero me aferré a
esta segunda vida con desesperación, temerosa de volver a aquella nada cortante
y blanca que era la muerte de cuyas garras había escapado.
Después de
estos primeros instantes de vida, en los que intenté acostumbrarme al continuo
torrente de información sensorial que me taladraba, me incorporé sin dificultad
y salí a pie de mi nicho, confiando a la discreción de los muertos el secreto
de mi huida.
Vivir dolía.
La muerte era tediosa, sí, pero también proporcionaba una anestesia eficaz a la
que me había acostumbrado. Con cada paso notaba el dolor punzante de la herida
del costado que, aunque misteriosamente cicatrizada, no dejaba de ser lo que
había acabado con mi vida. La fría herrumbre de la hoja del arma homicida se me
había quedado dentro de la carne y ahora formaba parte de mí, me había hecho
metálica e inhumana hasta cierto punto, pero también brillante.
No necesitaba
citarte para saber que estarías en el lugar previsto en el momento adecuado, supe
que mi espíritu errante y sediento de venganza se te había aparecido en sueños
en forma de cuervo negro y te había señalado un camino que habrías de seguir en
una especie de trance espeso y dulzón que te embotaba los sentidos.
Ya despuntaba
el amanecer cuando llegué al tenue laberinto de ruinas donde reuniste la fuerza
suficiente para atestarme un golpe mortal entre la cuarta y la quinta costilla
del lado izquierdo, donde el óxido vibraba animando la venganza. El rosa y el
dorado bailaban en el cielo una danza de vueltas y volteretas, de roces y
caricias invisibles sin llegar a tocarse, destinados a no llegar a juntarse
nunca, luz y el reflejo coloreado de esa misma luz, un espejismo de una
compañía inexistente, luz y color separados y a la vez unidos por su propia
esencia.
Estabas de
rodillas y con el rostro dirigido al suelo, donde aún se entreveían los hilos
rojizos de mi carne desgarrada. Caminé sin prisa hasta situarme frente a ti,
decidida a desagraviarme con detenimiento, probablemente desmembrando tu cuerpo
asesino a mordiscos voraces.
Dos
movimientos certeros me bastaron para tenerte a mi merced, tu cuerpo de coloso
no era rival para mi odio enardecido por la novedad de la vida. Un solo golpe
más y podría entregarme al frenesí homicida. Y sin embargo, aflojé el lazo
alrededor de tu cuerpo y me di la vuelta sin una palabra, perdonándote la vida
como tú no habías hecho conmigo. Tal vez la muerte había ablandado mi espíritu
guerrero, o tal vez había sido la vida recuperada la que me había inspirado la
ternura del perdón.
Así como
estaba, de espaldas a ti, sentí que había roto con un pasado polvoriento que ya
no me pertenecía y que a partir de entonces podría dedicar mi nueva vida a
caminar lejos de aquel pueblo maldito. Cuando ya podía sentir el aire renovado
a mi alrededor, sonó la detonación. La fría garra de la muerte me arañó por la
espalda, derribándome al instante. Mi segunda muerte fue patéticamente
sorpresiva y rápida, cuando quise darme cuenta de tu absoluta impiedad, ya me
había ido de allí y no podía sentir el peso de tu pierna apoyada en mi espalda.
La tercera vez
que nací, fue ya para no volver a morir jamás.
domingo, 17 de marzo de 2013
Las palabras susurrantes me contaron que Tristán estaba muerto.
And thou art dead, as young and fair
As aught of mortal birth;
And form so soft, and charms so rare,
Too soon return'd to Earth!
Though Earth receiv'd them in her bed,
And o'er the spot the crowd may tread
In carelessness or mirth,
There is an eye which could not brook
A moment on that grave to look.
I will not ask where thou liest low,
Nor gaze upon the spot;
There flowers or weeds at will may grow,
So I behold them not:
It is enough for me to prove
That what I lov'd, and long must love,
Like common earth can rot;
To me there needs no stone to tell,
'T is Nothing that I lov'd so well.
Yet did I love thee to the last
As fervently as thou,
Who didst not change through all the past,
And canst not alter now.
The love where Death has set his seal,
Nor age can chill, nor rival steal,
Nor falsehood disavow:
And, what were worse, thou canst not see
Or wrong, or change, or fault in me.
The better days of life were ours;
The worst can be but mine:
The sun that cheers, the storm that lowers,
Shall never more be thine.
The silence of that dreamless sleep
I envy now too much to weep;
Nor need I to repine
That all those charms have pass'd away,
I might have watch'd through long decay.
The flower in ripen'd bloom unmatch'd
Must fall the earliest prey;
Though by no hand untimely snatch'd,
The leaves must drop away:
And yet it were a greater grief
To watch it withering, leaf by leaf,
Than see it pluck'd to-day;
Since earthly eye but ill can bear
To trace the change to foul from fair.
I know not if I could have borne
To see thy beauties fade;
The night that follow'd such a morn
Had worn a deeper shade:
Thy day without a cloud hath pass'd,
And thou wert lovely to the last,
Extinguish'd, not decay'd;
As stars that shoot along the sky
Shine brightest as they fall from high.
As once I wept, if I could weep,
My tears might well be shed,
To think I was not near to keep
One vigil o'er thy bed;
To gaze, how fondly! on thy face,
To fold thee in a faint embrace,
Uphold thy drooping head;
And show that love, however vain,
Nor thou nor I can feel again.
Yet how much less it were to gain,
Though thou hast left me free,
The loveliest things that still remain,
Than thus remember thee!
The all of thine that cannot die
Through dark and dread Eternity
Returns again to me,
And more thy buried love endears
Than aught except its living years.
And Thou Art Dead, As Young and Fair, Lord Byron, first published in 1812.
martes, 12 de marzo de 2013
No han quitado nuestra foto.
Aún sigue ahí, mirándome impertérrita.
Desgraciadamente incorruptible.
A la vista de todos.
Ocultando el secreto.
Nadie se ha dado cuenta de que no estoy donde debería.
Nadie se ha percatado del abrazo furtivo.
Aunque los sueños soleados de música vibrante no se ven, se intuyen.
Traicioneros como espinas.
No se me olvida
No se me olvida.
El aire caliente.
La luz de las farolas.
El brillo de la tela.
El temblor.
Las confesiones.
No.
El aire caliente.
La luz de las farolas.
El brillo de la tela.
El temblor.
Las confesiones.
No.
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